Iluminado

– Vaya desdicha la nuestra, toda la vida colgados en esta mugrienta pared, soportando el pestilente moho de los siglos y la carga de nuestras humillantes cornamentas!

– Al contrario! Debemos sentirnos afortunados de morar en tan noble atalaya, ya que nos permite contemplar, sin temor a contagiarnos, el mísero ajetreo de los mortales que por debajo deambulan.

– Puede ser, pero a mi esto de la eternidad me está empezando a parecer anodino, y a veces pienso que estaría bien conocer la Prisa. Seguro que toda esa gente, en la certeza de su próxima muerte, encuentra un sentido pleno para sus ajetreos.

– Esa pobre gente ni siquiera entiende su propia finitud. Ni siquiera sospecha la estupidez de sus preocupaciones. Flota ignorante entre las paradojas de su mundo, y en vano intenta medrar, trascender su propia muerte, incluso sacrificando el disfrute de su efímera existencia.

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Especular

Especulando por especular, diría que la horizontalidad del agua es la calma que deseamos en el corazón, que la verticalidad de los árboles es la fuerza de nuestros deseos, que los muros de la casa son el refugio que ansiamos  para el descanso y que el reflejo de todo ello es el sueño que nos mueve a la búsqueda de los paisajes de nuestra vida.

Debe de ser la crisis de los 46 que hoy cumplo…

El espejo de la verdad

A veces (cada vez con más frecuencia) me apetece alejarme de la civilización, de sus ajetreadas tendencias, de su red superficial de figurantes, y de sus hilarantes poses sociales.

A veces me apetece alejarme del frenopático cotidiano, y tomarme una pausa (cada vez más larga), adentrándome en uno de nuestros bosques para apreciar la verdadera dimensión del tiempo.

Y así ocupado en recuperar el sentido, buscando respuestas en el silencio, a veces me sorprendo mirándome en el espejo de un lago (y cada vez me apetece más bañarme en su verdad).

… a propósito de la sombra

En la profundidad del bosque no se da El Mito de la Caverna.

Sólo existe una oscura amalgama de grises colores, salpicada con miríadas de puntos de luz que iluminan al azar porciones del sotomonte.

Piedras, troncos y hojas, son los protagonistas de su propia existencia y el fundido de sus  sombras en esa lóbrega mezcolanza, no hace más  que resaltar la certeza de su belleza.

… de las estériles rocas de mi patria.

¿Como no amar a quien es capaz de darte refugio en la más cruda tormenta?

Son los huesos de la tierra sobre lo que descansan los muertos y se erigen los anhelos.

Con ellas construimos las paredes que han de albergar las ilusiones, las compañías más gratas, las familias más queridas…

Ellas no son estériles, sólo son duras, y su misión es poner a prueba nuestra tenacidad, para que sepamos cuan lejos podemos llegar.

… sobre los muros.

Entre muros encerramos lo que el alma arrastra.

La miseria y la gloria de nuestro ser, ordenadas en estanterías llenas de recuerdos, cubren las paredes del refugio; capaces de representar de forma magna, la epopeya de cada hombre.

¡Ay! de aquellos que no se vean en este espejo, pues no cesarán de atravesar muros ajenos, y no llenarán jamás el vacío de su espíritu…