Indignados (Madrid 2011-07-24)

Quizás haya sido porque todos parecían uno…

… y quizás tengan razón.

Al parecer Guy Fawkes se manifestó en  Madrid sin altercados, sin broncas y sin destrozos.

Es posible que  por ello, un acto tan notorio como éste no tenga gran repercusión en los medios; aunque otra vez quizás, lo que pase sea, qué “los medios” todavía no saben como gestionar la información de manifestaciones que son ajenas al engaño y la manipulación.

Sirvan de testigo estas imágenes:

… y estas en las que se hace evidente el hecho de que allí había alguien más…

… aunque si no fuese por estas cualquiera podría pensar que sólo éramos cuatro gatos.

¡¡¡ Anda, picar en la foto un par de veces !!!

 

A título personal diré que me encanta el detalle sobre el casi mi pueblo, Sant Antoni de Vilamajor (por si alguien lo piensa yo no llevé la pancarta). Población pequeña de 5.479  habitantes en el extrarradio barcelonés.

Hay que reconocerles que tienen mérito.

Los habitantes de Sant Antoni, jamás pensaron ver el nombre de Vilamajor de una forma tan ostentosa, en la mismísima plaza del Sol de Madrid.

Enhorabuena

Todos aquellos que creyeron acabado el movimiento de los Indignados, todos aquellos que intentaron (e intentan) velarlo, todos los que vilipendian sus propuestas y sus manifestaciones…

Todos… ¿ creen de verdad, que este cuento se ha terminado ?

Su actitud es inútil y su ignorancia es supina, pues en su postura radica la fuerza de los Indignados.

Ándele!!!!

El buen combate

Observando a la niña de la foto, y pensando en cómo será su futuro, me doy cuenta de que el futuro que le espera es el futuro que nosotros le legamos. Todos nosotros, con nuestra acción o con nuestro silencio, contribuimos en cierta medida a modular el futuro de la próxima generación. Yo personalmente me avergüenzo de la hipocresía que se impone cada vez más en la sociedad y en la mal llamada democracia, y me dispongo a librar el Buen Combate:

El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas que conocí en mi vida siempre tenían tiempo para todo. Las que no hacían nada siempre estaban cansadas, no hacían ni el poco trabajo que debían realizar, y se quejaban constantemente de que el día era demasiado corto. En realidad, tenían miedo de librar el Buen Combate.

El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos ver la vida como una gran aventura para ser vivida, comenzamos a creernos sabios, justos y correctos en lo poco que le pedimos a la existencia. Miramos más allá de las murallas de nuestra cotidianidad y oímos el ruido de las lanzas que se quiebran, el olor del sudor y de la pólvora, las grandes caídas y las miradas sedientas de conquista de los guerreros, pero nunca sentimos la alegría, la inmensa alegría presente en el corazón de quien está luchando, porque para ellos no importan ni la victoria ni la derrota, Sólo librar el Buen Combate.

Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida se convierte en una tarde de domingo y ya no nos pide grandes cosas, ni exige más de lo que queremos dar. Entonces creemos que somos maduros, dejamos de lado las fantasías de la infancia y alcanzamos nuestra realización personal y profesional. Nos sorprende cuando alguien de nuestra edad dice que aún quiere esto o aquello de la vida. Pero en realidad, en lo más íntimo de nuestro corazón, sabemos que lo que sucede es que renunciamos a luchar por nuestros sueños, a librar el Buen Combate.

Cuando renunciamos a nuestros sueños y encontramos la paz, tenemos un pequeño periodo de tranquilidad, pero los sueños muertos comienzan a pudrirse dentro de nosotros y a infestar todo el ambiente en que vivimos. Comenzamos a volvemos crueles con quienes nos rodean y, finalmente, dirigimos esa crueldad contra nosotros. Surgen las enfermedades y las psicosis. Lo que queríamos evitar en el combate, la decepción y la derrota, se convierten en el único legado de nuestra cobardía. Y, un buen día, los sueños muertos y podridos vuelven el aire difícil de respirar y comenzamos a desear la muerte, la muerte que nos libere de nuestras certezas, de nuestras ocupaciones y de aquella terrible paz de las tardes de domingo.

El peregrino, por Paulo Coelho

Valor e ilusión

Si algo caracteriza, en mi opinión, al movimiento del 15-M, es precisamente su atrevimiento.

Desde el momento en que alegremente tomaron la plaza del Sol en Madrid, la plaza de Catalunya en Barcelona, o tantas otras plazas y calles de España, quedó bien patente que esta gente no teme casi a nada.

  • Han desafiado a la autoridad acampando en plena calle; precisamente en aquellos lugares que más repercusión tienen en la imagen que de nosotros se propaga hacia el exterior a través del turismo.
  • Han desafiado a la policía; tan poco preparada para manejar la desobediencia pacífica como pueda estarlo un pez para respirar fuera del agua.
  • Han desafiado al poder ejecutivo; inmovilizado ante el dilema sobre la mejor manera de erradicar el problema.
  • Han desafiado al poder político y legislativo de todos los colores; que no ha sabido escuchar a sus presuntos representados, y que ha dejado que la indignación le sorprenda con la mirada puesta en otro sitio. En el caso de Catalunya, el desafío al legislativo se ha materializado en el bloqueo de la entrada al parlamento, y el desprecio y abucheo general de todos los que allí tienen su inútil poltrona.
  • Pero también, y quizás por encima de todo, han desafiado al cuarto poder; desorientándolo hasta tal punto que ni siquiera los más avezados tertulianos (auténticos profesionales del desgaste contra lo que funciona, y cuya acerada pluma se ampara habitualmente en la ausencia de responsabilidad) han sabido desmarcarse de las posturas reaccionarias de los políticos, y les han servido de inexplicable apoyo, incapaces de calibrar la verdadera dimensión de lo que se avecina.

En resumen, yo no veo miedo en este movimiento. Si acaso veo miedo es en sus detractores, que se ven sin argumentos ante las formas pacíficas de que hacen gala los nuevos revolucionarios.

Yo no veo miedo en este movimiento. Veo más bien valor, auténtico valor: el valor que se necesita hoy en día para discrepar de lo establecido, oponerse al pensamiento único, y soñar con un mundo mejor.

Mucho valor y mucha ilusión.

Indignados (El miedo)

Razón en casi todo tienen los sabios, mas no suelen ser ellos quienes inician las revoluciones.

Desde la más precaria situación y sin expectativas de cubrir las más vitales necesidades,  el pobre revolucionario reivindica como puede lo que simplemente parece justo; y engañado si quieren por el ardor que le da el falso triunfo, se sabe por fin dueño de la situación que ha generado.

Es una lástima que se pierda por culpa de la demagogia la fuerza de tantos corazones, porque no duden que  es ella la que castra el espíritu revolucionario.

Cuando ésta es esgrimida desde el palco de la reflexión por alguien con carisma y supuesta sabiduría, se manifiesta irremisiblemente ante el insurrecto, la duda de lo que ha conseguido con su anárquico movimiento de protesta. Aparecen entonces como pasmarotes, caras mudas con gesto  de sorpresa y temor.

Que ningún sabio se llame a engaño, es imposible dotar de maneras a la revolución. Por eso es lo que és, un brillo de esperanza que en ocasiones da la suficiente fuerza para continuar camino, en un mundo lleno de razones injustas.

Ninguna revolución puede triunfar ya que en la lista de necesidades básicas del hombre, cuenta por encima de todo la victoria sobre los demás.

Las revoluciones sirven para otras cosas.

Quien quiera luchar con normas por un objetivo concreto, que forme un ejercito y que haga la guerra; pues sólo así, si vence, con la fuerza y el temor podrá imponer su nuevo orden…

 

El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.
 
Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés.

Monumento a Cambó

El otro día, durante la manifestación convocada por el movimiento 15-M en Barcelona, algunas personas se apoyaban en la cabeza de Cambó para captar mejor el festivo espectáculo de la muchedumbre indignada.

Y el pobre Cambó, desde su pétrea atalaya, les leía su famoso artículo sobre El momento actual, y les susurraba al oído aquello de:

Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable.

Francesc Cambó, político conservador español