La salida

Para impedir que viéramos más allá de vuestra verdad, construisteis formidables muros.

Para evitar nuestra presencia ante vuestro pornográfico festín, los equipasteis con potentes alambradas.

Y para que, a pesar de todo ello, siguiéramos contribuyendo a llenar vuestras arcas con el producto de nuestro sudor, nos infundisteis el temor a los conciudadanos, y os postulasteis como garantes imprescindibles de nuestra amenazada seguridad, pretendiendo que esos muros y esas alambradas (hasta su última coma y hasta su última pistola) están ahí por nuestro bien.

Pues sabed que no deberíais ignorar la pequeña grieta que unos cuantos acampados, con la fuerza de su indignación, han abierto en vuestro sistema, ya que esa ventana de esperanza se puede ir agrandando y agrandando, … hasta convertirse en la salida.