A tiempo

Aún estamos a tiempo de parar esta locura.

Aún no se ha perdido todo.

Debemos hacer ver a los hombres que todo lo que compran sin necesitarlo realmente acaba ensuciando nuestras playas.

De la misma manera que todo lo que compran sin poder pagarlo acaba ensuciando las manos de la banca.

Una gaviota

A vista de pájaro

¡Qué suerte tienen los pájaros, que se  mezclan con el viento y se codean con las nubes!

¡Qué suerte tienen al contemplar desde arriba las montañas!

Los mayores colosos de roca no son para ellos sino meros accidentes en su camino; simples posaderos desde donde observar el ajetreo de los hombres que, visto desde arriba, debe parecer ridículo e incomprensible.

Walter Bonatti “Las montañas no guardan luto por él”

… simplemente recuerdan con respeto a quien las admiró y las acompañó en su impertérrito ser.

No lloran por aquel que disfrutó de su compañía acogido en su regazo, mientras la gélida noche helaba el corazón de los hombres.

Ellas esperanzadas simplemente aguardan.

Confían en que el espíritu de Bonatti se posará sobre otro corazón indomable, para recobrar así un poco de su sentido; aquel que simboliza el respeto mutuo.

http://www.caranorte.com/blog/2007/04/11/walter-bonatti-una-vida-en-el-limite/

El Estado blindado

En el contexto de la historia de las civilizaciones, el objetivo de todo régimen es prolongarse el mayor tiempo posible, permanecer en vigor, y no ser desalojado de la historia por ningún otro.

Pero hasta ahora, todos han fracasado en ese empeño.

Y digo “hasta ahora” porque tengo la impresión de que nuestra civilización (el “capitalismo democrático” o “civilización occidental”) ha alcanzado un grado de sofisticación en eso de autoperpetuarse nunca antes visto.

Se diría que la mayor parte del cuerpo jurídico generado por este sistema se enfoca en garantizar su perpetuación a toda costa, generando una situación de indefensión absoluta de los ciudadanos que luchan por cambiarlo.

Eduard Punset, en su libro “Excusas para no pensar”, habla del Estado blindado, y yo copio aquí un extracto porque me parece una joya:

No hay bestia mayor ni más feroz que el Estado que hemos creado entre todos […], que gestiona más de la mitad de todos los servicios y productos generados en nuestro recinto, además de tener los medios para vigilar y efectuar un seguimiento inmaculado de todo lo demás: suspiros, proyectos, productos y sueños.
[…]
¿Estamos dispuestos a aceptar lo innegable: que el Estado y el ciudadano no son iguales ante la ley, que lo peor que le puede ocurrir a uno es tener al Estado en contra, aunque sea por error y durante un rato? La culpa no es de un personaje atrabiliario o de un partido político anticuado. Es de todos, los de ahora y los que les precedieron modulando un Estado blindado y mil veces privilegiado con relación al ciudadano.
[…]
Fueron los primeros asentamientos agrícolas a los que se les ocurrió la idea de dar a un funcionario poder suficiente para guardar y multiplicar el primer excedente generado, hace unos diez mil años. […] Aquel poder incipiente de custodiar los primeros activos colectivos se fue transformando, poco a poco, en un poder avasallador. Hasta el punto de que hoy el Estado está blindado y el ciudadano está indefenso: le puede poner a uno en la cárcel antes de saber cuál es la acusación, bloquear su cuenta corriente o incautarse de un coche que considera mal aparcado.

Eduard Punset

Contraste

Acabados ya, los días de en los que buscamos refugio del sol en la oscura sombra, nos disponemos con no menos desánimo del que teníamos cuando nos fuimos, a incorporarnos de nuevo en la gris cotidianidad.

Largo periplo queda por recorrer, antes de que podamos recuperar un poco de nuestra aparente libertad.

Es por ello que debemos disfrutar del camino que queda, pues en él seguirá asombrándonos el acostumbrado contraste de las cosas (aunque sólo sea para recrearnos la vista).

Así que…, levantemos el ánimo.

Luz

La luz del sol veraniego, dotada de un poder sobrenatural,  abrasa nuestras calles expulsando de ellas a todo ser viviente, sobre todo en las horas centrales del día.

Sin embargo, yo en ocasiones la busco, la necesito.

Su árida  crueldad penetra todos los veranos en mi enmohecido cerebro y erradica de él todo lo que me sobra, dejando apenas espacio para lo trivial.

Esa pirólisis estival renueva mis neuronas. Las cubre de purificadora cal, despojándolas de las telarañas de pensamientos con que las he ido agobiando durante el año.

Yo en el verano tomo baños de luz despiadada, y me preparo así para sortear las sombras que se avecinan.