15 M, acontecimientos y relatividad del tiempo

Sólo hace un mes del segundo 15 M y a todos nos parece que su presencia está limitada a existir en la larga lista de noticias casi olvidadas.

La velocidad con la que se suceden los acontecimientos dentro del mundo de la información (que no real), envicia nuestras maltrechas neuronas de tal forma, que sólo tenemos presente en nuestra memoria una amalgama de hechos acontecidos, desordenados en una línea temporal.

La fotografía nos dota cada día de más medios para detener y ordenar el tiempo, en una especie de memoria quieta, a la que si es necesario podamos recurrir cuando convenga.

Sin embargo la enormidad de artilugios electrónicos, medios divulgativos, programas informáticos y redes de comunicación, juegan en nuestra contra.

Todo, hasta lo que esa extensa maquinaria genera, es excesivo e inabarcable y por ende el desconocimiento de su existencia es su bandera.

Los cazadores de imágenes intentan en vano, alcanzar a su presa con la clara intención de generar un icono recordable.

Al igual que se han disuelto todas las ilusiones, asambleas, discusiones y enfrentamientos, de todas las facciones sociales que han protagonizado el gran acto del 15 M , todas las fotografías relacionadas con dicho acto se fundirán en un juego calidoscópico de luces y sombras.

Parece como si el 15 M y las imágenes que lo documentan, no fueran capaces de superar la fuerza “icónica” de las estatuas, que impertérritas habitan el lugar donde todo se ha desarrollado.

Hace 25 años todo era más sencillo y quizás por ello las vivencias de entonces siguen presentes en la memoria.

Los principios con los que se regía el día a día estaban muy claros; ciertamente eran menos y por lo tanto eran mucho más simples de entender, recordar y no traicionar.

Las pertenencias de las que se disponía, se podían contar fácilmente y la recompensa  a  una dura jornada pasaba por compartir un cigarrillo con los compañeros.

Se intercambiaban saludos y sonrisas sin ningún tipo de interés y aunque nadie cargaba con la mochila de otro, nunca faltaban ni manos, ni ánimos en los que apoyarse.

No había conocimiento de lo que acontecería al día siguiente, pero se tenía la certidumbre del Grupo y difícilmente se abandonaba  la confianza depositada en él.

Existía la conciencia de uno mismo y de su importancia en el Grupo, y éste último contaba con una fuerza y energía tal, que estaba dispuesto a ponerse a prueba en cualquier momento.

Así lo viví , a lo largo de todo un año.

Hoy sin embargo, considero lamentable el hecho de tener que recurrir a mi memoria y rebuscar en ella, con la intención de escoger momentos auténticos sobre los que apoyarme; pues viendo lo visto puedo decir que a pesar de “todo”, mis expectativas de entonces jamás se vieron defraudadas; al contrario de lo que ocurre ahora, cuando deposito una parte de mis anhelos en aquellos que no son dignos de poseerlos.

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