15M – Fin de fiesta

Mientras todo lo anterior ocurría, esta señora intentaba dormir, estirada en un soportal del edificio de telefónica de la misma plaza de Cataluña que ha servido de símbolo de la protesta del 15M en Barcelona.
Debemos tener claro que cuando nosotros nos indignamos, hay otros que ya no pueden hacerlo, pues les ha sido arrebatada su última brizna de dignidad.
No debemos olvidarnos de ellos.

12M – Preparando el aniversario

Lo de menos es si se acampa o si no se acampa.

Lo que de verdad importa es que hoy volvemos a anunciar la decadencia del imperio del mercado, el fin de la tiranía del dinero, y el advenimiento de una nueva manera de entender la vida en sociedad, trufada de nuevos valores, que en realidad no son tan nuevos.

Simplemente hace mucho tiempo que habían sido despojados de su significado y relegados a la trastienda del sistema.

Un sistema con dos varas de medir: La que se aplica y la que se pregona. La que vale y la que se quiere aparentar. La que funciona y la que se presume. La que mide al poder político y económico y la que se aplica sobre la turba contribuyente y consumidora.

 

Huelga general

Esta pancarta recorrió las calles de Barcelona el 19 de Junio de 2011, en la primera manifestación del movimiento de los indignados.

Hoy 29 de marzo (29-M), menos de un año después, y tras unas elecciones generales que han instaurado un gobierno de la mayoría satisfecha, todo aquél sentimiento de entonces parece haberse desactivado…

Es duro aceptarlo, pero el pueblo ha hablado.

La verdad es que nunca habla muy claro, y además, es muy difícil interpretar el mensaje del pueblo cuando sólo se le pide que se decante entre “rojo” y “azul” cada cierto tiempo, pero es indudable que el pueblo ha hablado.

Y ha hablado para dar la mayoría absoluta a los que más claramente se oponían al movimiento de indignación salido del 15M.

Ha hablado para poner en el poder a quienes defienden los privilegios de los responsables de la actual depresión.

Ha hablado para entronizar el capitalismo neoliberal y para derribar, apoyados por la actual coyuntura, los logros de progreso que tanto ha costado conseguir.

Ante un mensaje tan claro de nuestros propios padres, hermanos, amigos y conocidos … ¿Por qué vamos a la huelga?

  • Pues simplemente: por coherencia personal.
  • Porque si tienes trabajo, ahora es más fácil que lo pierdas.
  • Porque si lo pierdes, ahora te indemnizarán la mitad que antes.
  • Porque si no lo pierdes, ahora te pueden rebajar el sueldo.
  • Porque si no lo tienes, ahora es aún menos probable que lo consigas.
  • Y porque aún sin contar con todo eso, cada año eres más pobre, mientras aumenta la riqueza de la mayoría satisfecha.

¿Y creemos que con la huelga va a cambiar algo?

Naturalmente que no. Pero, como he dicho, se trata de un tema de coherencia personal, un tema de conciencia. ¿Quieres que cuando te den por el culo, tener claro que pusiste tu grano de arena para evitarlo?

Nos vemos en la mani.

15-O: Sigue la fiesta

Unos muy bien equipados …

 

Otros un poco más amateurs …

 

Otros a hombros de un compañero …

 

… Nadie estaba dispuesto a perderse la fiesta.

 

Muchos se llevaron a su descendencia.

 

Para que no se pierdan este momento histórico.

 

Nadie quiere dejarles un mundo equivocado.

 

Y por tanto hay que intentar cambiarlo.

 

Y para cambiar el mundo, todas las ayudas son bienvenidas.

 

Del 15M al 15O: Seguimos indignados

Un testimonio personal  de lo que pudimos ver en la manifestación de los indignados el 15 de Octubre en Barcelona.

Sin miedo a caer. Están asegurados.

 

Perseguidos por su propia sombra

 

Luchando por un mundo mejor para nuestros hijos

 

Utópicos, porque la utopía es el motor del cambio.

 

Una foto para el recuerdo

 

Y recordad: Ya no vale eso de “Es lo que hay”!

Valor e ilusión

Si algo caracteriza, en mi opinión, al movimiento del 15-M, es precisamente su atrevimiento.

Desde el momento en que alegremente tomaron la plaza del Sol en Madrid, la plaza de Catalunya en Barcelona, o tantas otras plazas y calles de España, quedó bien patente que esta gente no teme casi a nada.

  • Han desafiado a la autoridad acampando en plena calle; precisamente en aquellos lugares que más repercusión tienen en la imagen que de nosotros se propaga hacia el exterior a través del turismo.
  • Han desafiado a la policía; tan poco preparada para manejar la desobediencia pacífica como pueda estarlo un pez para respirar fuera del agua.
  • Han desafiado al poder ejecutivo; inmovilizado ante el dilema sobre la mejor manera de erradicar el problema.
  • Han desafiado al poder político y legislativo de todos los colores; que no ha sabido escuchar a sus presuntos representados, y que ha dejado que la indignación le sorprenda con la mirada puesta en otro sitio. En el caso de Catalunya, el desafío al legislativo se ha materializado en el bloqueo de la entrada al parlamento, y el desprecio y abucheo general de todos los que allí tienen su inútil poltrona.
  • Pero también, y quizás por encima de todo, han desafiado al cuarto poder; desorientándolo hasta tal punto que ni siquiera los más avezados tertulianos (auténticos profesionales del desgaste contra lo que funciona, y cuya acerada pluma se ampara habitualmente en la ausencia de responsabilidad) han sabido desmarcarse de las posturas reaccionarias de los políticos, y les han servido de inexplicable apoyo, incapaces de calibrar la verdadera dimensión de lo que se avecina.

En resumen, yo no veo miedo en este movimiento. Si acaso veo miedo es en sus detractores, que se ven sin argumentos ante las formas pacíficas de que hacen gala los nuevos revolucionarios.

Yo no veo miedo en este movimiento. Veo más bien valor, auténtico valor: el valor que se necesita hoy en día para discrepar de lo establecido, oponerse al pensamiento único, y soñar con un mundo mejor.

Mucho valor y mucha ilusión.

Monumento a Cambó

El otro día, durante la manifestación convocada por el movimiento 15-M en Barcelona, algunas personas se apoyaban en la cabeza de Cambó para captar mejor el festivo espectáculo de la muchedumbre indignada.

Y el pobre Cambó, desde su pétrea atalaya, les leía su famoso artículo sobre El momento actual, y les susurraba al oído aquello de:

Hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable.

Francesc Cambó, político conservador español