Pobres piedras

Estas pobres piedras son todo lo que queda de lo que en otro tiempo fue una humilde casa de campo en la comarca del Sobrarbe.

Nada se sabe ya de quién la construyó ni de quiénes la habitaron. Si fueron felices o de por qué lucharon.

Ahora lo único que queda son estas pobres piedras que callan lo que recuerdan y que, desde su posición, contemplan todas las mañanas cómo se forma la bruma sobre las aguas.

El vapor, en su diario ascenso hacia las nubes, ejerce de portavoz del paso del tiempo, y en silencio propaga su mensaje de destrucción por todo el paisaje.

Pero las pobres  piedras que quedan de la humilde casa, ajenas a la advertencia, ignoran que la misma belleza blanca que les alegra las mañanas, es la que lentamente les corroe el alma, hasta que algún día, convertidas en arena, se reunirán con sus hermanas en la orilla de la playa.

Placer al borde del abismo

Un hombre solo se adentra en un bosque oscuro y poblado por animales feroces. […] El hombre tiene que pasar por ese bosque. De repente oye aullidos de fieras, y le entra miedo. Corre aturdido y cae en un pozo negro. Consigue de milagro agarrarse a unas raíces enredadas en el borde del agujero. Siente debajo de él, en el fondo del pozo, el aliento cálido de una enorme serpiente que abre las fauces. Ve que va a caer, y que lo devorará la espantosa criatura. Por encima, derribando los árboles, aparece un elefante gigantesco que levanta la pata para aplastarlo. Surgen también unas ratas blancas y negras que se ponen a roer las raíces a las que está agarrado. Y en ese preciso instante unas peligrosas abejas vuelan sobre el agujero, y dejan caer unas gotitas de miel.

Entonces el hombre suelta una de las manos y extiende el dedo lentamente, con mucha precaución. Extiende el dedo para recoger las gotas de miel.

Mahabharata, epopeya mitológica de la India (originada aproximadamente en los siglos IX-VIII AC)

Mar de dudas

A los que vivimos abajo nos asaltan las dudas.

Nuestro conocimiento del mundo se fundamenta en la superposición de pequeños eslóganes, de menos de 140 caracteres, y no en razonamientos hilvanados por la lógica.

Esas pequeñas pastillas de conocimiento a nuestro alrededor, despojadas de su contexto, pierden su significado original y se condensan formando nubes de dogmas.

Luego esas nubes son aventadas por nosotros mismos (y por nuestra ignorancia) en todas direcciones de manera viral, cobrando nueva credibilidad a base de repetición, hasta que forman una espesa niebla que nos impide distinguir la realidad.

Por suerte, hay unos pocos que viven arriba, que se las han arreglado para escapar del mar de dudas, y que además se dedican a publicar su verdad, obtenida con esfuerzo y con razonamiento, creando una pequeña escalera de salvación para los demás.

El otro día, gracias a una amiga de este fotoblog, leí un artículo de Clara Valverde Gefaell, una de esas privilegiadas que contemplan el paisaje desde arriba. En él explica que la niebla que nos rodea no es sólo debida a un fenómeno natural, sino que además es fomentada mediante oscuras tácticas de manipulación del lenguaje por el poder neoliberal. El objetivo es fabricar el consentimiento de los ciudadanos para la perpetuación de las injusticias y desigualdades y por ende, del propio sistema.