Huelga general

Esta pancarta recorrió las calles de Barcelona el 19 de Junio de 2011, en la primera manifestación del movimiento de los indignados.

Hoy 29 de marzo (29-M), menos de un año después, y tras unas elecciones generales que han instaurado un gobierno de la mayoría satisfecha, todo aquél sentimiento de entonces parece haberse desactivado…

Es duro aceptarlo, pero el pueblo ha hablado.

La verdad es que nunca habla muy claro, y además, es muy difícil interpretar el mensaje del pueblo cuando sólo se le pide que se decante entre “rojo” y “azul” cada cierto tiempo, pero es indudable que el pueblo ha hablado.

Y ha hablado para dar la mayoría absoluta a los que más claramente se oponían al movimiento de indignación salido del 15M.

Ha hablado para poner en el poder a quienes defienden los privilegios de los responsables de la actual depresión.

Ha hablado para entronizar el capitalismo neoliberal y para derribar, apoyados por la actual coyuntura, los logros de progreso que tanto ha costado conseguir.

Ante un mensaje tan claro de nuestros propios padres, hermanos, amigos y conocidos … ¿Por qué vamos a la huelga?

  • Pues simplemente: por coherencia personal.
  • Porque si tienes trabajo, ahora es más fácil que lo pierdas.
  • Porque si lo pierdes, ahora te indemnizarán la mitad que antes.
  • Porque si no lo pierdes, ahora te pueden rebajar el sueldo.
  • Porque si no lo tienes, ahora es aún menos probable que lo consigas.
  • Y porque aún sin contar con todo eso, cada año eres más pobre, mientras aumenta la riqueza de la mayoría satisfecha.

¿Y creemos que con la huelga va a cambiar algo?

Naturalmente que no. Pero, como he dicho, se trata de un tema de coherencia personal, un tema de conciencia. ¿Quieres que cuando te den por el culo, tener claro que pusiste tu grano de arena para evitarlo?

Nos vemos en la mani.

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¿Rebaño o Jauría?

Marina Tsvetáieva, una valiente poetisa rusa de principios del siglo XX, nos dejó estas certeras palabras, que considero aplican con precisión a la época que vivimos ahora, un siglo después de que fueron escritas:

Cuando a la gente se la despoja de su rostro amontonándola, primero se convierte en rebaño y después en jauría.

En nuestro tiempo, en plena decadencia de la democracia capitalista, cobra especial significado la frase de Tsvetáieva, pues nunca antes en este régimen había sido tan grande la brecha entre la oligarquía gobernante y la masa contribuyente, entre la élite financiera y la turba consumidora.

Los ciudadanos hemos dejado  de serlo. Hemos sido sustituidos por cifras promedio, resultado de todo tipo de análisis de mercado, ya que nuestra función como consumidores (y como contribuyentes) es la única que despierta cierto interés entre las élites modernas.

Ya no tenemos rostro, pues sería sumamente complejo (y caro), en una época de prisas y de fé en las máquinas como la nuestra, el detenerse a empatizar con el gobernado, a entender las causas que nos mueven, o (en definitiva) a mirarnos o a hablarnos a la cara.

Está prohibido profundizar. Prohibido individualizar. Los individuos no existen sino como integrantes de la manada. Es el rebaño lo que cuenta; y como el rebaño como tal no piensa, parece que se le puede conducir sin mayor problema por los más asombrosos desiertos en busca de situaciones de mayor provecho económico o de mayor gloria.

Pero poco a poco se acerca el momento que anuncia Tsvetáieva. Momento en el que el dócil rebaño se convertirá en jauría y, como ocurre con los diminutos hongos de la fotografía y el fabuloso abeto que les sirve de sustento, la gente perderá su docilidad y se atreverá a pellizcar al sistema. Cada uno un poquito, cada vez más arriba, hasta que el peso de la multitud descontenta lo invada todo y acabe por tumbar el árbol que les alimenta, dando lugar a un nuevo principio.

Mar de dudas

A los que vivimos abajo nos asaltan las dudas.

Nuestro conocimiento del mundo se fundamenta en la superposición de pequeños eslóganes, de menos de 140 caracteres, y no en razonamientos hilvanados por la lógica.

Esas pequeñas pastillas de conocimiento a nuestro alrededor, despojadas de su contexto, pierden su significado original y se condensan formando nubes de dogmas.

Luego esas nubes son aventadas por nosotros mismos (y por nuestra ignorancia) en todas direcciones de manera viral, cobrando nueva credibilidad a base de repetición, hasta que forman una espesa niebla que nos impide distinguir la realidad.

Por suerte, hay unos pocos que viven arriba, que se las han arreglado para escapar del mar de dudas, y que además se dedican a publicar su verdad, obtenida con esfuerzo y con razonamiento, creando una pequeña escalera de salvación para los demás.

El otro día, gracias a una amiga de este fotoblog, leí un artículo de Clara Valverde Gefaell, una de esas privilegiadas que contemplan el paisaje desde arriba. En él explica que la niebla que nos rodea no es sólo debida a un fenómeno natural, sino que además es fomentada mediante oscuras tácticas de manipulación del lenguaje por el poder neoliberal. El objetivo es fabricar el consentimiento de los ciudadanos para la perpetuación de las injusticias y desigualdades y por ende, del propio sistema.