Patriotismo circunstancial ???

Tras la observación de tan notable alarde de “patriotismo español catalanista”, expuesto el pasado 12-O en Barcelona (y por cierto, tan bien reflejado en este Photo-Blog), en el que se pudo disfrutar de cosas como la imaginativa iconografía, que lleva a mezclar animales con banderas, en un intento (conseguido, por supuesto) del  “y yo más”; vienen a mi memoria recuerdos lejanos (vividos también en primera persona), que “casualmente” fueron captados fotográficamente en momentos (no me cabe duda) de una exacerbada enajenación mental (causada por vaya usted a saber, que deber patriótico del momento).

Es lo que tienen los extensos archivos fotográficos, que hay de todo.

Corría el año 1986 y yo cumplía con mi deber a la “Patria” , y claro los símbolos son los símbolos y cada uno los interpreta como puede…

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También negros,  los animalitos de esta foto (que casi no se ven), fueron la causa y el sujeto por los que tomé esta imagen (aunque está claro que sin el efecto pretendido).

En fin, es lo que hay, la inocente inexperiencia del momento.

¡ Eh !,  pero de buen rollo; quiero decir no nos fusilaron ni nada por el estilo…

El premio de la paciencia…

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Veinte años han hecho falta para que la casualidad se repitiera…

Hace ese tiempo coincidimos con una “rareza” de La Naturaleza, en un rincón del bosque pudimos observar como una flor y su siamesa se presentaban en todo su esplendor

Desde entonces cada vez que he pasado por ese mismo lugar he observado detenidamente las flores de alrededor, por si el fenómeno se volvía a repetir (y además coincidía con mi presencia).

Hoy la búsqueda dio su fruto.

Dentro del Parc Natural del Montseny han pasado muchas cosas en estos últimos veinte años.
La peor de todas es que la mente organizadora e infame de sus gestores ha esgrimido la falaz idea de que ellos son capaces de organizar el entorno, de una mejor forma que la empleada por la propia Naturaleza.

Se llenan la boca hablando de la protección de especies animales y vegetales, y lo único que hacen es utilizarlas a su antojo buscando el provecho personal o “comunitario”.

Para las personas que han pretendido siempre disfrutar de las montañas y de sus bosques de forma natural, todo esto no es más que una terrible ofensa que se hace patente cuando hoy pasean por caminos perfectamente ordenados, con márgenes limpios de vegetación.

¿Cuantas especies diferentes han desaparecido de los bordes del camino, que medraban allí porque simplemente necesitaban más insolación de la que hay en el fondo del bosque?
En esos márgenes crecían algunas hierbas capaces de curar el espíritu, regalándose al visitante de forma puramente altruista.

Hoy por desgracia ensordece el grito de su ausencia.

Causa asco pasear por los alrededores de algunos ríos defendidos con barandas construidas a base de madera tropical (eso si barnizadas con aceites naturales).
Es denigrante ver como entierran con escombros las Fuentes bajo el pretexto de la no potabilidad de sus aguas.
En todo su conjunto resulta patética la creación de fronteras entre lo natural y lo que creen algunos que debe de ser lo natural…

En fin, todo esto es simplemente un tema de paciencia.

Si tras veinte años de espera se puede volver a observar una rara flor, existen fuertes argumentos para mantener la esperanza y pensar, que con el tiempo toda esa gentuza ajena volverá al oscuro agujero del cual nunca tendrían que haber salido.

12M – Preparando el aniversario

Lo de menos es si se acampa o si no se acampa.

Lo que de verdad importa es que hoy volvemos a anunciar la decadencia del imperio del mercado, el fin de la tiranía del dinero, y el advenimiento de una nueva manera de entender la vida en sociedad, trufada de nuevos valores, que en realidad no son tan nuevos.

Simplemente hace mucho tiempo que habían sido despojados de su significado y relegados a la trastienda del sistema.

Un sistema con dos varas de medir: La que se aplica y la que se pregona. La que vale y la que se quiere aparentar. La que funciona y la que se presume. La que mide al poder político y económico y la que se aplica sobre la turba contribuyente y consumidora.

 

Indignados


En los estertores de la civilización, cuando el ciclo se acerca a su fin, puede ocurrir que de entre medio de las tinieblas surja de pronto un foco de esperanza.

Ese rayo de luz que se abre paso entre los omnipresentes nubarrones lo encarnan un puñado de jóvenes valientes, indignados por la hipocresía reinante y empujados por su propia precariedad y desesperanza.

Cuando todo parece ya perdido, esos valientes se atreven a soñar en voz alta y, como por arte de encantamiento, conectan con la (ya entregada) sociedad y consiguen despertarla, movilizarla, infundirle leves briznas de esperanza.

Ese rayo de esperanza, seguramente no podrá con las tinieblas que lo rodean, pero su aparición no habrá sido en vano. Cuando menos, habrá conseguido iluminar un poco la decadencia de la civilización, edulcorando así por unos instantes los sueños de quienes nos ha tocado vivirla.

Gracias, indignados.