A tiempo

Aún estamos a tiempo de parar esta locura.

Aún no se ha perdido todo.

Debemos hacer ver a los hombres que todo lo que compran sin necesitarlo realmente acaba ensuciando nuestras playas.

De la misma manera que todo lo que compran sin poder pagarlo acaba ensuciando las manos de la banca.

Una gaviota

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El imperio del corazón

Nada hay tan puro como el deseo de un niño, su ilusión sin mesura ante un muñeco en un escaparate…

Y nada tan sorprendente como su capacidad para olvidarlo y abandonarlo, sustituyéndolo por otro mejor, o simplemente más fresco…

Se trata, seguramente, del imperio del corazón.

Y es que a esas tiernas edades todo se hace con el corazón, que aún está sin encorsetar por las innumerables normas, barreras, frenos y cortapisas con que la sociedad acaba aplastando al individuo, precisamente para protegerse de él.

Negro sobre blanco

Según la filosofía oriental, hay dos fuerzas fundamentales opuestas que se complementan, y todo en este mundo (material e inmaterial) se compone de una mezcla de ambas.

Se trata de la luz y de la oscuridad, de lo bueno y de lo malo, de la vida y de la muerte … osea del yin y del yang o, como dicen los japoneses, del in y del yo.

Según esta filosofía, nada existe en estado puro. Todo lo bueno tiene algo malo, y todo lo desagradable, por trágico que pueda parecer, tiene algo positivo.

Esta relativización de los extremos es una característica que admiro en el pueblo japonés, y que les lleva por un lado, a no vanagloriarse de sus innumerables logros y aportaciones a la civilización; y por otro, a encajar con resignación los más terribles desastres.

A ellos les dedico esta imagen de blancos y negros irreales que, combinados en diferentes proporciones, forman un todo a mi entender harmonioso, mostrando al menos un lado positivo de esta miserable ruina que constituye el sujeto de la fotografía.