El premio de la paciencia…

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Veinte años han hecho falta para que la casualidad se repitiera…

Hace ese tiempo coincidimos con una “rareza” de La Naturaleza, en un rincón del bosque pudimos observar como una flor y su siamesa se presentaban en todo su esplendor

Desde entonces cada vez que he pasado por ese mismo lugar he observado detenidamente las flores de alrededor, por si el fenómeno se volvía a repetir (y además coincidía con mi presencia).

Hoy la búsqueda dio su fruto.

Dentro del Parc Natural del Montseny han pasado muchas cosas en estos últimos veinte años.
La peor de todas es que la mente organizadora e infame de sus gestores ha esgrimido la falaz idea de que ellos son capaces de organizar el entorno, de una mejor forma que la empleada por la propia Naturaleza.

Se llenan la boca hablando de la protección de especies animales y vegetales, y lo único que hacen es utilizarlas a su antojo buscando el provecho personal o “comunitario”.

Para las personas que han pretendido siempre disfrutar de las montañas y de sus bosques de forma natural, todo esto no es más que una terrible ofensa que se hace patente cuando hoy pasean por caminos perfectamente ordenados, con márgenes limpios de vegetación.

¿Cuantas especies diferentes han desaparecido de los bordes del camino, que medraban allí porque simplemente necesitaban más insolación de la que hay en el fondo del bosque?
En esos márgenes crecían algunas hierbas capaces de curar el espíritu, regalándose al visitante de forma puramente altruista.

Hoy por desgracia ensordece el grito de su ausencia.

Causa asco pasear por los alrededores de algunos ríos defendidos con barandas construidas a base de madera tropical (eso si barnizadas con aceites naturales).
Es denigrante ver como entierran con escombros las Fuentes bajo el pretexto de la no potabilidad de sus aguas.
En todo su conjunto resulta patética la creación de fronteras entre lo natural y lo que creen algunos que debe de ser lo natural…

En fin, todo esto es simplemente un tema de paciencia.

Si tras veinte años de espera se puede volver a observar una rara flor, existen fuertes argumentos para mantener la esperanza y pensar, que con el tiempo toda esa gentuza ajena volverá al oscuro agujero del cual nunca tendrían que haber salido.

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Skyline

A cada ciudad se la reconoce por su “skyline”, la línea que dibujan sus edificios más altos contra el cielo. Esta foto podría ser candidata para representar el “skyline” de Cataluña.

Tomada desde el macizo del Montseny, se reconocen perfectamente los cingles de Bertí, Sant Llorenç de Munt (La Mola) y Montserrat.

El espejo de la verdad

A veces (cada vez con más frecuencia) me apetece alejarme de la civilización, de sus ajetreadas tendencias, de su red superficial de figurantes, y de sus hilarantes poses sociales.

A veces me apetece alejarme del frenopático cotidiano, y tomarme una pausa (cada vez más larga), adentrándome en uno de nuestros bosques para apreciar la verdadera dimensión del tiempo.

Y así ocupado en recuperar el sentido, buscando respuestas en el silencio, a veces me sorprendo mirándome en el espejo de un lago (y cada vez me apetece más bañarme en su verdad).