URO…

Mesas, sillas, biblioteca nutrida de naturaleza, animales disecados, colecciones de piedras y minerales, supercolección de fósiles, huesos, cagarrutas, egagrópilas, plumas, mapas orográficos, hortoimágenes, mochilas, cuerdas, tiendas de campaña, utensilios de acampada de todo tipo, zodiak recauchutada y de camuflaje (tienda también de camuflaje), prismáticos y otros visores,etc, etc, etc…, muchas, muchas fotos, un muy buen laboratorio fotográfico, proyectores y sobre todo unas ganas de descubrir el mundo impresionante.
Así empezó URO…

Vaya con los peligrosos y sorprendentes archivos de entonces…

(Calle Taulat 114 Barcelona Junio de 1996)

El premio de la paciencia…

_JSV3726 Trans Corte Correo

Veinte años han hecho falta para que la casualidad se repitiera…

Hace ese tiempo coincidimos con una “rareza” de La Naturaleza, en un rincón del bosque pudimos observar como una flor y su siamesa se presentaban en todo su esplendor

Desde entonces cada vez que he pasado por ese mismo lugar he observado detenidamente las flores de alrededor, por si el fenómeno se volvía a repetir (y además coincidía con mi presencia).

Hoy la búsqueda dio su fruto.

Dentro del Parc Natural del Montseny han pasado muchas cosas en estos últimos veinte años.
La peor de todas es que la mente organizadora e infame de sus gestores ha esgrimido la falaz idea de que ellos son capaces de organizar el entorno, de una mejor forma que la empleada por la propia Naturaleza.

Se llenan la boca hablando de la protección de especies animales y vegetales, y lo único que hacen es utilizarlas a su antojo buscando el provecho personal o “comunitario”.

Para las personas que han pretendido siempre disfrutar de las montañas y de sus bosques de forma natural, todo esto no es más que una terrible ofensa que se hace patente cuando hoy pasean por caminos perfectamente ordenados, con márgenes limpios de vegetación.

¿Cuantas especies diferentes han desaparecido de los bordes del camino, que medraban allí porque simplemente necesitaban más insolación de la que hay en el fondo del bosque?
En esos márgenes crecían algunas hierbas capaces de curar el espíritu, regalándose al visitante de forma puramente altruista.

Hoy por desgracia ensordece el grito de su ausencia.

Causa asco pasear por los alrededores de algunos ríos defendidos con barandas construidas a base de madera tropical (eso si barnizadas con aceites naturales).
Es denigrante ver como entierran con escombros las Fuentes bajo el pretexto de la no potabilidad de sus aguas.
En todo su conjunto resulta patética la creación de fronteras entre lo natural y lo que creen algunos que debe de ser lo natural…

En fin, todo esto es simplemente un tema de paciencia.

Si tras veinte años de espera se puede volver a observar una rara flor, existen fuertes argumentos para mantener la esperanza y pensar, que con el tiempo toda esa gentuza ajena volverá al oscuro agujero del cual nunca tendrían que haber salido.

Nostalgia


Revisando el archivo de mis primeras fotos, descubro mucho más que fotografías: descubro mis recuerdos de aquellos años.

Recuerdo los momentos pasados en la montaña con mis amigos, cámara en mano.

Recuerdo los olores a romero y a tojo, arrastrados por la brisa ladera abajo, hacia nosotros.

Incluso me parece oír, como si lo tuviese ahora al lado,  el líquido rumor del arroyo que se apresura a pasar por el Barranco del Estrecho, entre los pueblos de Cuevas de Cañart y Ladruñán, en la comarca turolense del Maestrazgo.

Recuerdo que, tras las crestas de la montaña, luchaba por asomar el sol que, aunque todavía oculto, ya dejaba patente su fuerza, abrasando sin piedad una despistada nubecilla que había olvidado disolverse aquella mañana…

Belchite

Pueblo viejo de Belchite,
ya no te rondan zagales.
Ya no se oirán las jotas
que cantaban nuestros padres.

A tus ventanas rotas
no se asoma más naide.
Ni el maestro, ni el cura,
y menos aún el alcaide.

Colgar de la cerradura
no quiere ya la llave,
pues no queda qué guardar
que no sea lamentable.

El silencio ha de reinar
a lo largo de tus calles,
para que el polvo consiga
que las paredes hablen.

Cartas

Hoy, al abrir el buzón y recoger las facturas y un panfleto de propaganda del Pizza-Hut, he echado de menos la vieja costumbre de comunicarse por carta.

Aún recuerdo la sensación al recibir una misiva: el suspense que acompañaba la apertura del sobre, el olor y el tacto del papel, y los mensajes íntimos que proporcionaba la caligrafía…

Todo eso ya pasó. Ha sido irremediablemente relegado al olvido.

Relegado en primer lugar por el teléfono, que convirtió en oral gran parte de la comunicación escrita, con la consiguiente pérdida de matices y significados al pasar de un medio pausado a otro improvisado.

Más tarde el teléfono se hizo móvil, prometiendo mejorar nuestras relaciones con el prójimo, que ya empezaban a decaer, aunque no hizo más que esclavizarnos, haciéndonos alcanzables a toda hora y en cualquier lugar.

Y últimamente, con el advenimiento de los smart-phones, los SMSs, Tweeter y demás, nos encontramos con que, por un lado, ya no somos capaces de producir algo con sentido que tenga más de 140 caracteres; y por otro, gracias a la llamada geolocalización, estamos entrando de lleno en la pesadilla orwelliana de 1984 (eso sí, voluntariamente, aunque parezca mentira).