Sobrevolando …

 

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   – !!!AAAAAhhhhh¡¡¡ , ya lo entiendo.

    Esto, es lo que anhela toda esa gente de ahí abajo…

  – Si hijo, si, así es.

     Son arrogantes, osados, valientes… ; pero ya se sabe sólo quien intenta la locura, quizás un dia llegue.

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Ni galgos ni podencos …

Intentando observar objetivamente algunas de las discusiones más airadas, salta la evidencia (común a todas las discusiones) de que existen dos bandos extraordinariamente diferenciados.

De un lado los Racionalistas cartesianos …

Del otro los Románticos circunstanciales 

La verdad es que mientras la humanidad se organiza y decide cual es su “estigma”, no cabe la más menor duda de que el mundo pasa sin inmutarse lo más mínimo …

Lejos de ser una nebulosa salpicada de estrellas, la imagen (tomada el domingo pasado) muestra una eclosión de hormigas aladas (puntos blancos) volando delante de unas nubes iridiscentes…

 

Nostalgia


Revisando el archivo de mis primeras fotos, descubro mucho más que fotografías: descubro mis recuerdos de aquellos años.

Recuerdo los momentos pasados en la montaña con mis amigos, cámara en mano.

Recuerdo los olores a romero y a tojo, arrastrados por la brisa ladera abajo, hacia nosotros.

Incluso me parece oír, como si lo tuviese ahora al lado,  el líquido rumor del arroyo que se apresura a pasar por el Barranco del Estrecho, entre los pueblos de Cuevas de Cañart y Ladruñán, en la comarca turolense del Maestrazgo.

Recuerdo que, tras las crestas de la montaña, luchaba por asomar el sol que, aunque todavía oculto, ya dejaba patente su fuerza, abrasando sin piedad una despistada nubecilla que había olvidado disolverse aquella mañana…

A vista de pájaro

¡Qué suerte tienen los pájaros, que se  mezclan con el viento y se codean con las nubes!

¡Qué suerte tienen al contemplar desde arriba las montañas!

Los mayores colosos de roca no son para ellos sino meros accidentes en su camino; simples posaderos desde donde observar el ajetreo de los hombres que, visto desde arriba, debe parecer ridículo e incomprensible.

Indignados


En los estertores de la civilización, cuando el ciclo se acerca a su fin, puede ocurrir que de entre medio de las tinieblas surja de pronto un foco de esperanza.

Ese rayo de luz que se abre paso entre los omnipresentes nubarrones lo encarnan un puñado de jóvenes valientes, indignados por la hipocresía reinante y empujados por su propia precariedad y desesperanza.

Cuando todo parece ya perdido, esos valientes se atreven a soñar en voz alta y, como por arte de encantamiento, conectan con la (ya entregada) sociedad y consiguen despertarla, movilizarla, infundirle leves briznas de esperanza.

Ese rayo de esperanza, seguramente no podrá con las tinieblas que lo rodean, pero su aparición no habrá sido en vano. Cuando menos, habrá conseguido iluminar un poco la decadencia de la civilización, edulcorando así por unos instantes los sueños de quienes nos ha tocado vivirla.

Gracias, indignados.