Corazón de cuarentón

Duro como lo más duro,
envuelto de frío invierno,
aún vibra con suave ritmo
y marca el paso del tiempo.
Secas venas lo recorren,
que ayer transportaron vida,
fabricaron ilusiones,
e inocencia sin medida.
Sobrevive a contrapelo
en el medio del pantano
en que se refleja el mundo,
cada vez menos humano …
Hoy es de cristal de roca
lo que en tiempos fue de carne,
¡Pero aún le sobran ganas
de teñir todo de sangre!

Pobres piedras

Estas pobres piedras son todo lo que queda de lo que en otro tiempo fue una humilde casa de campo en la comarca del Sobrarbe.

Nada se sabe ya de quién la construyó ni de quiénes la habitaron. Si fueron felices o de por qué lucharon.

Ahora lo único que queda son estas pobres piedras que callan lo que recuerdan y que, desde su posición, contemplan todas las mañanas cómo se forma la bruma sobre las aguas.

El vapor, en su diario ascenso hacia las nubes, ejerce de portavoz del paso del tiempo, y en silencio propaga su mensaje de destrucción por todo el paisaje.

Pero las pobres  piedras que quedan de la humilde casa, ajenas a la advertencia, ignoran que la misma belleza blanca que les alegra las mañanas, es la que lentamente les corroe el alma, hasta que algún día, convertidas en arena, se reunirán con sus hermanas en la orilla de la playa.

Abre tu ventana

De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que está ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas
ni cuándo mi historia va a ser computada
quién sabe qué consejos voy a inventar aún
y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio
no tatuaré el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca

está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire más piedritas
abriré la ventana
abriré la ventana.

Mario Benedetti