Mar de dudas

A los que vivimos abajo nos asaltan las dudas.

Nuestro conocimiento del mundo se fundamenta en la superposición de pequeños eslóganes, de menos de 140 caracteres, y no en razonamientos hilvanados por la lógica.

Esas pequeñas pastillas de conocimiento a nuestro alrededor, despojadas de su contexto, pierden su significado original y se condensan formando nubes de dogmas.

Luego esas nubes son aventadas por nosotros mismos (y por nuestra ignorancia) en todas direcciones de manera viral, cobrando nueva credibilidad a base de repetición, hasta que forman una espesa niebla que nos impide distinguir la realidad.

Por suerte, hay unos pocos que viven arriba, que se las han arreglado para escapar del mar de dudas, y que además se dedican a publicar su verdad, obtenida con esfuerzo y con razonamiento, creando una pequeña escalera de salvación para los demás.

El otro día, gracias a una amiga de este fotoblog, leí un artículo de Clara Valverde Gefaell, una de esas privilegiadas que contemplan el paisaje desde arriba. En él explica que la niebla que nos rodea no es sólo debida a un fenómeno natural, sino que además es fomentada mediante oscuras tácticas de manipulación del lenguaje por el poder neoliberal. El objetivo es fabricar el consentimiento de los ciudadanos para la perpetuación de las injusticias y desigualdades y por ende, del propio sistema.

Beso anónimo

Cuando hablamos de rescate queremos decir préstamo. Reestructurar la deuda, es perdonarla parcialmente. Los prisioneros de guerra son ahora combatientes enemigos

Cuando masacramos personas, arrasando su vivienda de un bombazo, estamos aplicando una operación quirúrgica de protección de la población civil, y a las víctimas de nuestra soberbia  las denominamos daños colaterales.

La Asamblea General de las Naciones Unidas no es más que la Descomunal Farsa de las Naciones Desunidas, y cuando hablamos de democracia … en fin; cualquier cosa cabe bajo ese generoso concepto.

En deinitiva, vivimos en un mundo de contrastes y paradojas, nada es lo que parece ser, y todos debemos llevar una máscara que le ría las gracias a la sociedad, mientras en la intimidad nos dedicamos a lo nuestro.

Tinieblas

La imaginación desbordada lleva a veces al hombre a las más sublimes cotas del arte.

Esa imaginación, en otras ocasiones, le conduce sin remedio a los confines de la locura (arte y locura van a menudo de la mano).

Sin embargo, para la mayoría de los mortales, la modesta dosis de imaginación que sobrevive a la adolescencia no nos alcanza ni siquiera para interpretar la realidad, y nos obliga a vivir en un mundo de tinieblas, gobernado por estúpidos dogmas y lemas, cuya expresión escrita cabe en un tweet.

Cartas

Hoy, al abrir el buzón y recoger las facturas y un panfleto de propaganda del Pizza-Hut, he echado de menos la vieja costumbre de comunicarse por carta.

Aún recuerdo la sensación al recibir una misiva: el suspense que acompañaba la apertura del sobre, el olor y el tacto del papel, y los mensajes íntimos que proporcionaba la caligrafía…

Todo eso ya pasó. Ha sido irremediablemente relegado al olvido.

Relegado en primer lugar por el teléfono, que convirtió en oral gran parte de la comunicación escrita, con la consiguiente pérdida de matices y significados al pasar de un medio pausado a otro improvisado.

Más tarde el teléfono se hizo móvil, prometiendo mejorar nuestras relaciones con el prójimo, que ya empezaban a decaer, aunque no hizo más que esclavizarnos, haciéndonos alcanzables a toda hora y en cualquier lugar.

Y últimamente, con el advenimiento de los smart-phones, los SMSs, Tweeter y demás, nos encontramos con que, por un lado, ya no somos capaces de producir algo con sentido que tenga más de 140 caracteres; y por otro, gracias a la llamada geolocalización, estamos entrando de lleno en la pesadilla orwelliana de 1984 (eso sí, voluntariamente, aunque parezca mentira).