El reloj de la historia

Muchos son los engranajes que mueven la historia y que no paran de girar.
Cada uno según su propio ritmo eterno, sin relación aparente con los demás, van desencadenando los acontecimientos, que se suceden en una suerte de caprichoso baile de casualidades…

Pero no debemos dejarnos confundir por esa aparente aleatoriedad. Y mucho menos confiar en la potestad humana de influir o de cambiar la sucesión de los sucesos. Ni individual ni colectivamente. Hacerlo sería de un narcisismo petulante e ingenuo.

A la hora convenida, en el futuro inmediato, una fuerza imparable va a colisionar con un muro indestructible en Cataluña. Nadie sabe lo que sucede en esas ocasiones, pero sí parece claro que la energía que se desprenda de esa tormenta perfecta nos abrasará a todos los que allí habitamos.

Y no podemos evitarlo.