CEP

Tomada en el pirineo de Navarra, el 06-dic-2012

Dedicado a Cep, alma de amigo en cuerpo de perro.

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El buen combate

Observando a la niña de la foto, y pensando en cómo será su futuro, me doy cuenta de que el futuro que le espera es el futuro que nosotros le legamos. Todos nosotros, con nuestra acción o con nuestro silencio, contribuimos en cierta medida a modular el futuro de la próxima generación. Yo personalmente me avergüenzo de la hipocresía que se impone cada vez más en la sociedad y en la mal llamada democracia, y me dispongo a librar el Buen Combate:

El primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo. Las personas más ocupadas que conocí en mi vida siempre tenían tiempo para todo. Las que no hacían nada siempre estaban cansadas, no hacían ni el poco trabajo que debían realizar, y se quejaban constantemente de que el día era demasiado corto. En realidad, tenían miedo de librar el Buen Combate.

El segundo síntoma de la muerte de nuestros sueños son nuestras certezas. Porque no queremos ver la vida como una gran aventura para ser vivida, comenzamos a creernos sabios, justos y correctos en lo poco que le pedimos a la existencia. Miramos más allá de las murallas de nuestra cotidianidad y oímos el ruido de las lanzas que se quiebran, el olor del sudor y de la pólvora, las grandes caídas y las miradas sedientas de conquista de los guerreros, pero nunca sentimos la alegría, la inmensa alegría presente en el corazón de quien está luchando, porque para ellos no importan ni la victoria ni la derrota, Sólo librar el Buen Combate.

Finalmente, el tercer síntoma de la muerte de nuestros sueños es la paz. La vida se convierte en una tarde de domingo y ya no nos pide grandes cosas, ni exige más de lo que queremos dar. Entonces creemos que somos maduros, dejamos de lado las fantasías de la infancia y alcanzamos nuestra realización personal y profesional. Nos sorprende cuando alguien de nuestra edad dice que aún quiere esto o aquello de la vida. Pero en realidad, en lo más íntimo de nuestro corazón, sabemos que lo que sucede es que renunciamos a luchar por nuestros sueños, a librar el Buen Combate.

Cuando renunciamos a nuestros sueños y encontramos la paz, tenemos un pequeño periodo de tranquilidad, pero los sueños muertos comienzan a pudrirse dentro de nosotros y a infestar todo el ambiente en que vivimos. Comenzamos a volvemos crueles con quienes nos rodean y, finalmente, dirigimos esa crueldad contra nosotros. Surgen las enfermedades y las psicosis. Lo que queríamos evitar en el combate, la decepción y la derrota, se convierten en el único legado de nuestra cobardía. Y, un buen día, los sueños muertos y podridos vuelven el aire difícil de respirar y comenzamos a desear la muerte, la muerte que nos libere de nuestras certezas, de nuestras ocupaciones y de aquella terrible paz de las tardes de domingo.

El peregrino, por Paulo Coelho

¿Ángel o demonio?

Mi abuela llamaba “angelitos” a los vilanos del diente de león, acaso por su grácil vuelo sin rumbo en busca de suelo fértil donde asentarse.

Estoy convencido de que también hubiera llamado “angelito” a su nieto, si lo hubiera conocido, a pesar de que siempre anda cavilando su próxima travesura.

Yo sin embargo, que brego con él día a día, no estoy seguro de si se trata de un ángel, o de un demonio angelical: mi pequeño demonio querido del alma.

Alter ego


Con tanta cámara por todas partes, no se puede evitar la sensación de que te vigilan, de que saben lo que haces. Es como si te hubieran puesto un guardián que discretamente te acompaña allá donde vas.

Desgraciadamente, ese guardián (tu alter ego postmoderno), lejos de ser percibido como un ángel de la guarda que vela por tu seguridad, aparece como un terrible espectro espía, entrometido, y fisgón.

¿Será que no tenemos la conciencia tranquila? Yo más bien creo que nos resulta odioso porque intuimos que se alimenta de nuestra libertad.