Añisclo

El sol apenas penetra
en lo hondo del barranco,
tan alta queda la brecha
que separa los dos lados.
Los abedules entre sí,
los fresnos contra las hayas,
todos luchan por la luz,
nadie tira la toalla.
A un lado la roca viva,
al otro vive su sombra.
Y en medio se representa
la más dramática obra.
Volverán todos a la batalla,
la vida por todo premio,
como manda la ley de la selva,
cuando termine el invierno.
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Nostalgia


Revisando el archivo de mis primeras fotos, descubro mucho más que fotografías: descubro mis recuerdos de aquellos años.

Recuerdo los momentos pasados en la montaña con mis amigos, cámara en mano.

Recuerdo los olores a romero y a tojo, arrastrados por la brisa ladera abajo, hacia nosotros.

Incluso me parece oír, como si lo tuviese ahora al lado,  el líquido rumor del arroyo que se apresura a pasar por el Barranco del Estrecho, entre los pueblos de Cuevas de Cañart y Ladruñán, en la comarca turolense del Maestrazgo.

Recuerdo que, tras las crestas de la montaña, luchaba por asomar el sol que, aunque todavía oculto, ya dejaba patente su fuerza, abrasando sin piedad una despistada nubecilla que había olvidado disolverse aquella mañana…

A vista de pájaro

¡Qué suerte tienen los pájaros, que se  mezclan con el viento y se codean con las nubes!

¡Qué suerte tienen al contemplar desde arriba las montañas!

Los mayores colosos de roca no son para ellos sino meros accidentes en su camino; simples posaderos desde donde observar el ajetreo de los hombres que, visto desde arriba, debe parecer ridículo e incomprensible.

Pared natural

Chateaubriand, al topar con una pared de roca en su Itinerario de París a Jerusalén…, escribió lo siguiente:

Viajero soy, cual el hijo de Ulises; y como él, prefiero las estériles rocas de mi patria a los más hermosos países.

Hoy, sin embargo, abundan quienes tienen la tendencia contraria; la de  denostar lo propio, lo que conocen bien, resaltando sus defectos y poniéndolo en desventajosa comparación con imágenes idealizadas de lo que viene de fuera, que normalmente desconocen, o que en el mejor de los casos, conocen sólo parcialmente.

 

El Órgano de Montoro

He aquí el árbol perdido, aquí tu árbol del ahorcado; que harto de su triste destino a otro lugar ha mudado.

Contemplará ahora a los Gigantes; cómo luchan, cómo aman… cómo con silencio sofocante al observador atrapan.

Los cuchillos de roca y sus afiladas sombras le servirán ahora de morada. Cansado ya de la deshonra y de la compañía amarga, ha enraizado en otra tierra y ha multiplicado su esperanza.