Fase creciente, en Venus…

 

_jsv0556

Es sólo un brillo en la oscuridad del bosque, deforme en su fase planetaria…, su luz casi despreciable no alcanza iluminar más allá del temor a tropezar.

No calienta, no alegra, no deslumbra…, sólo guía los sueños de aquel que espera salir de la lóbrega sombra que le impide avanzar.

 

 

Anuncios

Ni galgos ni podencos …

Intentando observar objetivamente algunas de las discusiones más airadas, salta la evidencia (común a todas las discusiones) de que existen dos bandos extraordinariamente diferenciados.

De un lado los Racionalistas cartesianos …

Del otro los Románticos circunstanciales 

La verdad es que mientras la humanidad se organiza y decide cual es su “estigma”, no cabe la más menor duda de que el mundo pasa sin inmutarse lo más mínimo …

Lejos de ser una nebulosa salpicada de estrellas, la imagen (tomada el domingo pasado) muestra una eclosión de hormigas aladas (puntos blancos) volando delante de unas nubes iridiscentes…

 

Quimera

Algunos afortunados quisieran salir de las tinieblas y se han propuesto alcanzar el sol.

Llevan tiempo tras esa quimera, pero ellos son tozudos, pacientes, y no escatiman esfuerzos.

Al principio su camino era tortuoso, plagado de curvas, con momentos en los que se acercaban, y otros en los que se alejaban claramente de su objetivo.

Pero de repente, parece que por fin el camino se endereza. Creen haber entrado en la recta final. Quizás han encontrado un atajo definitivo, una piedra angular, capaz de vencer todos los obstáculos y simplificar por fin su hoja de ruta… quién sabe.

Yo sólo espero que no se abrasen por el camino, y a ser posible, que la vergüenza no les impida seguir adelante cuando, por fin, tomen conciencia de su egoísmo.

Indignados


En los estertores de la civilización, cuando el ciclo se acerca a su fin, puede ocurrir que de entre medio de las tinieblas surja de pronto un foco de esperanza.

Ese rayo de luz que se abre paso entre los omnipresentes nubarrones lo encarnan un puñado de jóvenes valientes, indignados por la hipocresía reinante y empujados por su propia precariedad y desesperanza.

Cuando todo parece ya perdido, esos valientes se atreven a soñar en voz alta y, como por arte de encantamiento, conectan con la (ya entregada) sociedad y consiguen despertarla, movilizarla, infundirle leves briznas de esperanza.

Ese rayo de esperanza, seguramente no podrá con las tinieblas que lo rodean, pero su aparición no habrá sido en vano. Cuando menos, habrá conseguido iluminar un poco la decadencia de la civilización, edulcorando así por unos instantes los sueños de quienes nos ha tocado vivirla.

Gracias, indignados.